Ir al contenido principal

Entradas

Una maleta en el ascensor (Capítulo 3)

Con los ojos empañados en lágrimas y arrastrando los pies decidió abandonar el cementerio. Al darse la vuelta pudo ver como una silueta que parecía haber estado observando todo su espectáculo se disponía a salir del cementerio, era ese hombre que llevaba días persiguiéndola, estaba segura. Corrió tras él para alcanzarlo, ¡tenía que estar relacionado con toda esta locura! Pero al girar la esquina, aquel hombre había desaparecido, ¿Se lo habría imaginado? Era posible, pues tras los acontecimientos de aquella última semana ya no era capaz de distinguir lo que era real de lo que no. Estaba agotada y necesitaba dormir, el corazón le latía con tanta fuerza que cada latido resonaba en su interior como si dentro de su cuerpo no hubiera absolutamente nada, irónicamente era así como se sentía desde aquel fatídico día, totalmente vacía por dentro. Así que con el corazón a punto de estallar, se dispuso a volver hacia su casa y dar por terminado aquel día tan extraño. Decidió volver andando ...

Una maleta en el ascensor (Capítulo 2)

Sus ojos se deslizaban una y otra vez por las escasas líneas de la carta intentando encontrar inútilmente alguna pista que pudiera acercarle a su autor, siempre le habían gustado los libros de detectives y se consideraba bastante astuta pero no sabía por donde empezar. En la otra mano, sostenía una foto en blanco y negro que acompañaba la carta, las sonrisas congeladas de los rostros allí retratados parecían inquietantes. Era la primera vez que veía esa fotografía, pero reconocía perfectamente a la mujer y a la niña y el lugar de la fotografía, eran su madre y su hermana menor en la cocina de una de las casas en las que vivió de niña. La fotografía, era la primera pista para lograr abrir la maleta, estaba claro. En ese instante se dio cuenta que debía recuperarla. Salió a toda prisa de su despacho sin coger siquiera la chaqueta. Por suerte la becaria aún no se había desecho de la maleta y Alicia se la interceptó, con la primera excusa que le vino a la mente. Salió a toda prisa del...

Una maleta en el ascensor (Capítulo 1)

Ya era casi de noche, había perdido el autobús, estaba lloviendo y por si fuera poco, como guinda del  pastel en aquel fatídico día, también había olvidado el paraguas en casa. Se sentía furiosa, patosa y desdichada. A cada paso, las finas gotas de lluvia se clavaban en su rostro como pequeñas agujitas. Enfadada con el mundo andaba tan deprisa como sus cansadas piernas se lo permitían. Se detuvo bajo un balcón, a unos 50 metros de su portal para rebuscar entre su  bolso repleto de cosas inútiles, las llaves de casa. Siempre había odiado perder tiempo en el portal buscando las llaves, pensaba, que era el momento perfecto para atacarla por detrás. Entonces, un coche pasó a gran velocidad por su lado dejándola totalmente empapada.  -                   -   ¡CABRÓN!- Le grito furiosa. Parecía, que el mundo se había puesto de acuerdo para recordarle a cada segundo que todo puede ir a peor. Cuando encontró las llaves, ...

Os he mentido

Os he mentido, he mentido pero no del tipo de mentira de “Que vestido más bonito”, cuando en realidad lo encontraba horrible. Os he mentido, de la peor de las formas imaginables, os he mentido cada vez que habéis confiado en mí y he fracasado. Os he mentido, porque por más que lo intento no consigo dejar atrás el pasado y superar esa terrible desolación que siento por cada segundo de mi vida que os he hecho sufrir. Os he mentido, cada vez que he prometido cambiar mi carácter, y no lo he conseguido.  Os he mentido, porque no soy ni una pequeña parte de lo que merecéis que sea. Una y otra vez, vuelvo a caer, vuelvo a repetir errores y promesas incumplidas. Todas esas palabras, todas esas promesas se pierden en el aire, condenadas a ser repetidas eternamente para  volver a ser olvidadas solo unos instantes después. Y al volver a fallar, al volver a caer, se enciende de nuevo en mi interior la llama de la culpa, esa estúpida llama que me recuerda lo cobarde que soy. Cuando ...

Sí, quiero

Sí, quiero, despertarme cada día un poco más cerca de mis sueños. Sí, quiero, levantarme cada vez que caiga y sentir que me he hecho más fuerte. Sí, quiero, mirarme al espejo dentro de 40 años y sentirme orgullosa de lo que he conseguido.

No quedan días de verano

Una vez más agosto se ha marchado casi sin avisar . Con la llegada de septiembre parece que todo va volviendo a su cauce. Los turistas se van marchando a sus casas y las terrazas de los bares están cada vez más vacías. El verano está dando sus últimos coletazos con una energía  impropia de esta época, parece como si septiembre nos quisiera recordar que también él es capaz de ahogarnos de calor, con más fuerza si cabe que el agosto. Septiembre, para algunos el inicio de “un nuevo año”. Mes  de cambios, de nuevos propósitos: apuntarnos al gimnasio, aprender un nuevo idioma, estudiar más, encontrar trabajo… Propósitos que al final en la mayoría de los casos no llegamos a cumplir. Parece incluso, que la naturaleza también quiera empezar de nuevo, los árboles poco a poco se desprenden de sus hojas, los días de sol y calor dejan paso a las nubes y las lluvias, los días se vuelven cada vez más cortos y en las frescas noches lo único que apetece es acurrucarse en el sofá tapados...

El fin de la pesadilla (Capítulo 3)

Escondida en la cocina la madre de Sofía, sostenía con tensión el teléfono. Aprovechó el momento que se había quedado sola para realizar la llamada, así se lo habían indicado: Si Sofía volvía a casa, debía llamar de inmediato para avisar. Buscó el número de teléfono en el cajoncillo de la mesa de la cocina, recordaba perfectamente la noche en que llamaron al timbre y al abrir, un extraño señor con sombrero y gabardina le dio indicaciones concretas de los pasos que debería seguir si Sofía volvía a casa. Dudó unos instantes de si era ético o no traicionar a su hija, pero al final decidió que sería lo mejor para todos. Con los dedos temblorosos marcó el número indicado, posó el teléfono en su oreja y esperó. Una sensación de nervios invadió todo su cuerpo, y su corazón latía con fuerza. Esperó, un tono… dos tonos… y cuando ya estaba a punto de colgar, alguien al otro lado descolgó.