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Mostrando las entradas etiquetadas como reflexión

Dientes de león

Sucedió una vez, y casi por casualidad, lo recordaba perfectamente. Una mañana, jugando en el parque, una pequeña flor llamo su atención, parecía de algodón, frágil y delicada y de un blanco intenso. Su madre, le dijo que era un diente de león, la flor de los deseos . Le explicó, que debía coger aire, y soplar, soplar con todas sus fuerzas mientras pedía un deseo. Que solo se cumpliría si los estambres se desprendían de un solo soplido y, que no debía contarle a nadie jamás, el secreto que había pedido. Recordaba con cariño como de niña, le resultaba muy difícil elegir uno solo de los numerosos deseos que se agolpaban en su mente, pero casi siempre ganaba el mismo, un traje de princesa. Después quedaba lo más importante, debía hacer un esfuerzo casi descomunal para llenar los pulmones hasta su máxima capacidad y vaciar todo ese aire muy concentrada en ese pequeño objetivo que sujetaba con firmeza entre sus dedos. Desde ese día, y por muy adulta que fuera, cada vez que ...

Mi lugar en el mundo

Los primeros días fueron aterradores, cuando entre abrí los ojos por primera vez, todo estaba oscuro y el espacio a mi alrededor era tan pequeño, que apenas me podía mover. Desde lo más interno de mi ser, deseaba escapar de ese húmedo lugar. No recordaba quien era, ni como había llegado hasta allí, pero una fuerza desconocida me empujaba a no rendirme. Perdí totalmente la noción del tiempo, pasaron días, semanas o quizás meses hasta que conseguí sobrepasar la última barrera que me aislaba del mundo exterior. Cuando por fin rompí ese último obstáculo una fuerte luz me cegó. Poco a poco, mis pequeños ojos se fueron acostumbrando a la claridad y pude ver que a mí alrededor se extendía una gran llanura verde, el aire era tan puro en ese bello lugar, que respirar se convertía un placer indescriptible. Por más que lo intenté, no conseguí moverme de allí, me encontraba atada a ese lugar , pero no me importó, me resigne a mi destino y empecé a disfrutar de la suave caricia de los rayos d...

Abril

Las cortinas se movían inquietas aquella mañana de domingo, parecía que abril, había empezado con fuerza. El sol brillaba en lo alto del cielo, y una brisa moderada lo acompañaba de la mano, convirtiéndose en una combinación perfecta que invitaba a salir a la calle para disfrutar de su suave caricia en la piel. Pese a todo, ella seguía en el interior de su casa junto a la ventana, reposando en aquella suerte de sillón que a fuerza de usarlo, se había acostumbrado a las formas de su cuerpo.  Ella, siempre tenía los pies fríos y encogida bajo una manta, sus ojos cerrados se movían al son de sus sueños. Sobre su regazo, descansaba aquel intenso libro que hacía apenas unos días había empezado a leer y del que le ya era imposible separarse durante los pocos ratos libres, que la vida adulta le regalaba. Siempre había imaginado a los personajes de los libros, esperando pacientes entre sus páginas a que alguien les diera la oportunidad de tomar forma en su mente y escucharles conta...

Mujeres en MAYUSCULAS

MALENA  por fin había llegado a casa, unos tacones abandonados en la entrada dejaban constancia de que por fin se había terminado el día, irónicamente al llegar a esa casa vacía tras el trabajo empezaba una nueva jornada para Malena y miles de mujeres de este país y del mundo entero. La ropa sucia se acumulaba en el cesto sin descanso, los platos de la comida que apenas tuvo tiempo de recoger seguían ahí, como burlándose de ella, insinuando que seguirían allí hasta que ella se acercara a acariciarlos con sus suaves manos para quitarles la suciedad que los cubría y tras un concienzudo baño los guardara, para instantes después, volverlos a sacar y ensuciarlos de nuevo. Una suerte de robot aspirador automático se encargaba de mantener la casa más o menos barrida y le aligeraba medianamente sus tareas. En el balcón, la ropa que dejó tenida danzaba al son del viento esperándola también.   Malena, era una mujer feliz, siempre había pensado que la mejor decisión fue quedarse solt...

Plántale cara a tus miedos

Hace ya tiempo que lo siento, siento que he creado una coraza a mí alrededor , alrededor de mi corazón, para protegerme, para protegerme del mundo y de mí. Pero creo, que esa misma barrera también me está destruyendo, no me deja crecer ni disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Un paseo junto al mar, un café al calor del sol de la mañana, una sonrisa al despertar… Me encuentro siempre esperando el futuro, un futuro incierto en el que todo, supuestamente será mejor. Porque no tendré nunca un día lo suficientemente especial para abrir esa botella de vino tan cara que guardamos en el armario, porque no soy ni de lejos la mejor en nada, ni la más bella, y ni siquiera llego a la estatura media, porque quién se va a fijar a mí con lo poca cosa que soy, y lo poco que puedo aportar, porque no tuve una adolescencia fácil… Porque a base de miedos, excusas y caídas he ido construyendo un muro a mí alrededor que cada vez me deja abrirme menos a los demás. Porque por culpa de ese muro...

El dueño de tu vida

Puso la mano sobre el frío picaporte de la tienda de libros del barrio, su corazón latía con fuerza. Un segundo antes de entrar, observó su reflejo en el oscuro cristal de la puerta, su cabello indomable se arremolinaba de forma desordenada sobre sus hombros, pasó su mano sobre él enérgicamente para intentar poner un poco de orden, pero no sirvió de nada. Empujó con suavidad la puerta y el tintineo de las campanillas que colgaban del techo anunciaron su llegada. Con la mirada baja entró acelerando el paso, mirando de reojo al joven tendero que tras el mostrador leía distraído el diario del día, hizo un pequeño gesto con la cabeza a modo de saludo. Se adentró entre las estanterías con el nerviosismo típico de una primera cita, al pasar junto a ellas observaba a un lado y al otro. Rápidas miradas fugaces, con eso siempre bastaba. Entonces un libro le llamó la atención, era pequeño y parecía bastante viejo, seguramente llevaba muchos años aguardando entre aquellos polvorientos estan...

Nadando a contracorriente

Llegamos a nuestro destino cuando los rayos del sol ya hacía rato que nos habían abandonado y el cielo empezaba a lucir sus mejores galas. Tiñendo su vestido negro, como cada noche, con miles de puntos brillantes. La vida en Jaraba, aquel pequeño pueblo, apenas compuesto por unas pocas calles desiertas, parecía haberse congelado en el tiempo. No era demasiado tarde, pero los cortos y fríos días de invierno y la fina lluvia que empezaba a caer, de esa que se clava en la piel como si de agujitas se tratara, invitaban a quedarse en casa. Las ventanas iluminadas de las casas y el olor a humo de las chimeneas dejaban claro que ciertamente el tiempo allí no se había detenido, y que las decenas o quizás cientos de vecinos que allí vivían disfrutaban de sus casas y sus familias. Apartado lo justo del pueblo como para no ver ni un signo de civilización desde sus ventanas, se encontraba el hotel, un precioso balneario agarrado a una roca y rodeado totalmente de naturaleza. Un lugar de p...

Carreteras secundarias

Sentada tras el cristal, el eco de una canción que no logro distinguir suena de fondo, y el traqueteo de las ruedas sobre el asfalto balancea mi cuerpo de forma relajante. Con la cabeza ligeramente inclinada hacia la ventanilla, mi mirada se pierde entre los árboles y montañas que acompañan nuestro viaje por la autopista. La ruta, se convierte en una carrera prudente de unos automóviles que nos adelantan y otros a los que adelantamos. Es curioso el proceso de adelantamiento, pues siempre, siempre, a medida que nos vamos poniendo a la misma altura que el otro coche nos resulta inevitable volver la cabeza hacia ellos, para ver quién es el otro conductor y él, también vuelve la mirada para observarnos a nosotros. Parece entonces que el mundo se detiene, ese intenso intercambio de miradas que transcurre durante los pocos segundos que dura el adelantamiento, se convierte en un escaneo que dice tanto sin decir nada… ¿Dónde van?, ¿De dónde vienen?, ¿Quiénes son?, ¿Serán felices?,... Mirad...

Os he mentido

Os he mentido, he mentido pero no del tipo de mentira de “Que vestido más bonito”, cuando en realidad lo encontraba horrible. Os he mentido, de la peor de las formas imaginables, os he mentido cada vez que habéis confiado en mí y he fracasado. Os he mentido, porque por más que lo intento no consigo dejar atrás el pasado y superar esa terrible desolación que siento por cada segundo de mi vida que os he hecho sufrir. Os he mentido, cada vez que he prometido cambiar mi carácter, y no lo he conseguido.  Os he mentido, porque no soy ni una pequeña parte de lo que merecéis que sea. Una y otra vez, vuelvo a caer, vuelvo a repetir errores y promesas incumplidas. Todas esas palabras, todas esas promesas se pierden en el aire, condenadas a ser repetidas eternamente para  volver a ser olvidadas solo unos instantes después. Y al volver a fallar, al volver a caer, se enciende de nuevo en mi interior la llama de la culpa, esa estúpida llama que me recuerda lo cobarde que soy. Cuando ...

El hombre de las sombras

Una taza humeante  de café que descansaba olvidada encima de la pequeña mesa contigua , desprendía un aroma embriagador, su humo danzaba hacia el techo hasta desvanecerse antes de llegar a él como si nunca hubiera existido. Sentado junto a la ventana, observó por un instante el cristal sin poder distinguir apenas las borrosas siluetas de los transeúntes que corrían por el callejón acurrucados,  para protegerse de la lluvia y el frio. La lluvia de aquella tarde, como si de un artista inspirado se tratase, había pintado en el cristal formas abstractas, compuestas por miles de finas líneas y gotas haciendo casi imposible adivinar que había al otro lado. Como cada invierno, los “expertos” del lugar afirmaban rotundamente que ese estaba siendo el invierno más frio de las últimas décadas, pero a él apenas le importaba. La camarera se le acercó tímidamente, casi con miedo. Él savia perfectamente que su aspecto no era lo que se solía esperar de un hombre de su edad, una larga gabardi...

El viaje de tu vida

Muchas veces me da la sensación que nadie me entiende, que mi mente y mi cerebro funcionan de un  modo distinto al de los demás. A mí, me gusta pensar que soy un alma soñadora, y que en realidad soy afortunada ya que puedo ver mucho más allá de lo físico, puedo ver la esencia de las cosas. Creo que en el mundo, existen lugares mágicos que evocan en mí sentimientos maravillosos. Lugares que me invitan a pensar, a imaginar, a soñar…, que con el simple hecho de estar allí hacen que en mi mente se despierte la “chispa mágica” de la inspiración y empiece a soñar despierta. En ese momento todo a mí alrededor desaparece y empiezan a formarse en mi mente miles de frases, historias, reflexiones, sentimientos… que resultan verdaderamente maravillosos y casi imposibles de explicar. Uno de esos lugares mágicos son las estaciones de tren, en ellas pasado, presente y futuro, se mezclan con los amargos llantos de despedida y las dulces lágrimas de los reencuentros.   Las estaciones...

Coleccionistas de papeles

Era vieja y estaba cansada. No tenía amigos en aquella ciudad frenetica y hostil, su día a día se  limitaba a sentarse a observar el mundo. Le gustaba ocultarse entre la penumbra del viejo callejón y ver el ir y venir de la ciudad, personas agobiadas y atareadas que siempre parecían tener prisa. Los observaba como cual robots corrían de un lugar a otro como si la mismísima muerte les pisara los talones. Una pequeña niña de grandes ojos y largas trenzas al salir de la escuela siempre se detenía unos instantes para verla y le ofrecía un tímido saludo con la mano, y a modo de respuesta, la anciana, le regalaba lo único que por suerte la pobreza no había logrado arrebatarle, una triste sonrisa. Le gustaba pasear por el centro de la ciudad y observar los viejos edificios señoriales que parecían más viejos incluso, que la propia ciudad, algunos estaban tan viejos y heridos parecía casi imposible que aún tuvieran fuerzas para sostenerse en pie, igual que ella una vieja y herida da...