Entre la penumbra, unos ojitos curiosos se asoman a través de las gruesas cortinas, observando el ir y venir del público, buscando entre la gente alguna cara conocida y sonriendo con satisfacción al verles tomar asiento. Tras ellos el resto de compañeros reunidos en un círculo, algunos a medio cambiar y todos, con un brazo extendido hacia el centro; corazones nerviosos latiendo al unísono con fuerza e ilusión, últimas indicaciones del director y un solo grito como respuesta: “¡MUCHA MIERDA!” después un silencio absoluto y… ¡EMPIEZA EL ESPECTACULO! Desde detrás de las cortinas, todo es mucho más intenso. El eco de las voces de los compañeros que hay en escena resuenan entre las paredes, del pobre auditorio que tenemos. Últimos repasos al texto y ya casi es el momento de salir a escena, un segundo antes, sientes el corazón resonar dentro del pecho con más fuerza que nunca, y ese cosquilleo en el estómago, mariposas traviesas revolotean en él, como si estuvieras enam...